Si hay un dulce que representa a la ciudad de Burdeos, ese es sin duda el canelé. Pequeño, dorado y con un aroma irresistible a vainilla y ron, este pastelito ha conquistado los corazones de locales y viajeros por igual.
Un poco de historia.
El origen de los canelés se remonta al siglo XVIII. Se dice que fueron creados por monjas en conventos de Burdeos, quienes utilizaban las yemas de huevo sobrantes de la clarificación del vino en los viñedos de la región.
Con el tiempo, la receta se perfeccionó y se convirtió en un ícono gastronómico bordelés.