un hueco en tu itinerario y que, curiosamente, representan dos formas muy distintas de descubrir esta región: el encantador pueblo de Saint-Chély-du-Tarn y el histórico Moulin de Cénaret.
Uno enamora por sus cascadas, sus calles de piedra y su atmósfera medieval. El otro, por su historia, su arquitectura tradicional y su transformación en una tienda de productos locales llena de encanto.
Nosotros visitamos ambos durante nuestra ruta por Lozère y fueron dos de las paradas que más nos sorprendieron.


